[justify]Tengo que poder llegar a tiempo, el puerto no debería quedar tan lejos de la entrada a la ciudad.[/justify] [justify][/justify] [justify]No tendría que haber asistido al baile de la Duquesa de Winchester, se extendió mucho hasta bien entrada en la noche y los demonios de la borrachera me van a perseguir durante toda la jornada. ¡Cuanto vino! Mi sed fue un rival digno de su abundancia. Y la Señorita Janet, ¡cuánta tentación! Sé que el recuerdo de mi última noche en esta condenada isla será siempre el del rostro de la Señorita Janet, deformado a su favor por el lente generoso del vino.[/justify] [justify][/justify] [justify]Mis pensamientos inundados de alcohol están pesados, no circulan con facilidad y se chocan entre ellos. Concentrarme es casi tan difícil como comandar este viejo cuerpo a poner un pie delante del otro. ¿Para donde iba?[/justify] [justify][/justify] [justify]“Hacia el puerto, por su puesto. ¡De ahí salen los cruceros!”, le grito a mi cerebro para que se despabile de una condenada vez.[/justify] [justify][/justify] [justify]El coche me dejó bien al norte de la Southampton, debería llegar a tiempo antes de que zarpe el crucero. Veo pasar un tranvía y corro hacia él arrastrando mi equipaje por la calle enlodada. Me subo de un salto cuyo esfuerzo hace rechinar todas mis neuronas. Maldito vino, maldita música y maldita Señorita Janet. La combinación de esos tres componentes es la culpable de que hoy me sienta como un deshecho humano.[/justify] [justify][/justify] [justify]Un señor obeso, al que empujé accidentalmente con mi equipaje, se queja y me insulta en un dialecto escoses muy aguerrido. Encuentro su forma de hablar muy simpática y se me escapa una risita infantil. Otra vez, maldito vino. El escoses se pone de pie y con toda su abundancia corporal me levanta por las solapas de mi chaqueta y me empuja por la puerta del tranvía, que por fortuna estaba detenido en una esquina. Caigo desparramado en medio de la calle. Afortunadamente, el gordinflón del norte tiene la caballerosidad de lanzarme el equipaje.[/justify] [justify][/justify] [justify]Estoy tirado mirando el cielo en medio de una calle que no conozco. No sé dónde estoy, no estoy familiarizado con esta parte de Southampton. Un caballo frena casi encima mío y me mira a los ojos. Si daba un paso más me aliviaba el sufrimiento pisándome la cabeza.[/justify] [justify][/justify] [justify]Me levanto aturdido y veo que se trata de una diligencia corroída. Su conductor es un niño de aproximadamente doce años que me insulta, esta vez con un acento que encuentro más familiar. Debe ser el Dia Nacional de Insultar a los Ebrios en Apuros, y nadie se ha tomado el trabajo de avisarme. Ensayo una disculpa torpe y le muestro tres monedas rogándole que me lleve al puerto lo más rápido posible. Le prometo que, si llegamos antes de que zarpe el crucero, las monedas son suyas.[/justify] [justify][/justify] [justify]Durante el trayecto hacia el puerto recupero mi sobriedad con un método infalible, sacar la cabeza por la parte trasera del carro y vomitar todo mi ser. Casi pierdo el conocimiento. El niño me arroja una botella de cerveza tibia asegurándome que si la tomo puedo evitar la deshidratación. Creo que el pequeñín se ha ganado una cuarta moneda.[/justify] [justify][/justify] [justify]Llegamos a las afueras del puerto y nos encontramos con un bullicio más gigante de lo que me imaginaba. No es posible pasar con el carro y llegar a tiempo, el último tramo lo debo hacer a pie. Le entrego al niño su pago merecido y comienzo a empujar para avanzar entre la muchedumbre y los carros.[/justify] [justify][/justify] [justify]Estoy empapado de sudor y mi equipaje se me hace cada vez más pesado. Siento como las raíces de mi patria estuvieran intentando retenerme enredando mis maletas y mis tobillos.[/justify] [justify][/justify] [justify]¡No hay nada para mi aquí!, grito para convencer a mis músculos de hacer un último esfuerzo para tironear de mi cuerpo y mis pertenencias.[/justify] [justify]Oxford se burló de mi la mitad de mi vida. Londres me tragó, me masticó y me escupió en dirección a la boletería donde compre mi boleto para este crucero.[/justify] [justify][/justify] [justify]Desde donde estoy ya veo las escaleras de embarque, solo tengo que esquivar varias decenas de familiares que están saludando a los que se van. Empiezo a hacerme lugar, pidiendo permiso. Me miran con cara de asco y pena, mi aspecto y aroma son los de un hombre desahuciado. Pido disculpas por los empujones y por mi existencia.[/justify] [justify][/justify] [justify]Toco con un pie la escalera de embarque al mismo tiempo que suena la bocina del crucero, anunciando su partida. Siento desaparecer el peso que me agobiaba, como si me hubiesen crecido alas. Esta isla condenada conspiró contra mi destino, pero mi voluntad fue más fuerte que el peso de mi equipaje, el escoses obeso, el vino y Janet (sobre todo Janet). Di combate, y gané. Por una vez en la vida le gane a esta patria que tantas penurias me ha dado.[/justify] [justify][/justify] [justify]Entrego mi boleto al guarda de la escalera, y con una sonrisa me da la bienvenida al Titanic.[/justify]