[justify][color=black]Conduzco un Jeep que heredé de mi padre; quien, a su vez, heredó de su padre.[/color][/justify] [justify][color=black] [/color][/justify] [justify][color=black]Desde que tengo memoria, mi abuelo siempre manejó un Jeep antiguo. Se trata de un Jeep Tornado 4x4 modelo 1952, una edición limitada de dos docenas de unidades cuyo exterior se encuentra recubierto de un fino y brillante cobre. [/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]No sé bien en que año lo adquirió, pero sé que a mi abuelo lo acompañó hasta el fin de sus días. Ambos, padre y abuelo, se encargaron de llenar mi cabeza de historias que yo creí fantásticas durante toda mi infancia relacionadas al Jeep.[/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Mi abuelo, entre otras cosas, aseguraba en sus historias que el noble metal del cual estaba compuesto el jeep, tenía un origen místico resultante de la fundición y mecanizado de lanzas y escudos prehistóricos de origen celta. [/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Mi padre, por su parte, estaba convencido de que mi abuelo no compró el jeep, que simplemente lo encontró en la puerta de su casa. A esta altura de los eventos, ya me cuesta distinguir el mito de los hechos.[/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Mi Jeep es irrompible, como si el cobre que lo recubre se tratase de un material extraterrestre mas resistente que todo lo conocido en nuestro planeta. Sus entrañas también están recubiertas de cobre, incluyendo motor y partes móviles. Nunca se descompuso el motor, nunca pinchó una cubierta. Hasta el estéreo original sigue funcionando. [/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Mi abuelo era un filósofo que estudió a fondo la esencia de la mortalidad, y le aborrecía el concepto de que su Jeep podía ser un elemento eterno. Es por eso que el abuelo pensó en un método para degradar gradualmente al vehículo y darle la oportunidad de ser mundano y perecer como el resto de su especie. El ritual consistía en contar siempre con una barra de hierro en el Jeep, siempre que se subía o bajaba del mismo, golpeaba al vehículo con la barra usando todas sus fuerzas. Con el paso del tiempo, la chapa del Jeep comenzó a evidenciar algunas abolladuras, lo que le dio cierta paz mental a mi abuelo.[/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Cuando mi padre heredó el Jeep, también heredó el ritual de la barra de hierro. Antes de aprender a manejar, papa me enseñó a pegar bien fuerte con la barra al estoico Jeep. En mi adolescencia llegué a pensar que mi abuelo y mi papa no eran lo suficientemente fuertes como para romperlo, pero cuando me tocó a mi dar los golpes me di cuenta de la tarea titánica que significaba derrotar al Jeep. Durante décadas mi papa siguió golpeándolo con todas sus fuerzas, logrando imprimir daños menores en la chapa. Todos los días sin falta, al igual que mi abuelo. Varias veces vi como lo que se rompía era la barra de hierro, que no resistía el impacto contra la maquina inmortal. [/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Cuando cumplí veinte años, mi padre me regalo las llaves del Jeep y una maza para demolición. Me habló del orden natural de las cosas, que todo debe tener un principio y un final, y que nuestro Jeep no puede ser una excepción. Me entregó la maza como si fuera una espada mitológica y me encomendó la misión de terminar lo que el y su padre comenzaron.[/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Durante años lo intenté, todos los días sin falta. La maza se rompió pronto, por eso me decidí a innovar y probar con distintas armas. Nada funcionó, probé con martillos, bates y armas medievales. El daño que estaba infringiendo era mínimo, quizás menor que el de mis predecesores. La obsesión de ser el destructor de la inmortalidad de la maquina no me dejaba dormir. Comencé a perder noches de sueño en las que me quedaba mirando por la ventana al vehículo estacionado. Hasta llegue a creer que de noche se auto-regeneraba reparando el daño.[/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Fui a terapia por orden directa de mi esposa. En las sesiones descubrí algo que ni mi padre ni mi abuelo consideraron como una opción. Puedo aceptar que el Jeep es un ente de perpetuidad, que nos sobrevivirá a todos los seres vivos e inanimados y no importa lo que yo o nadie más hagamos al respecto. Tenia un hijo en camino, y me aterraba la idea de pasarle la maldición del Jeep. Decidí transitar el camino de la aceptación, y no golpear mas al jeep. [/color][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Me deshice de las herramientas destinadas a golpear al inmortal vehículo. Puse una mano sobre su capota y le dije que había ganado. Le encomendé que sea eterno y que llegue a ver el final de los tiempos.[/color][/justify] [justify][/justify] [justify][/justify] [justify][/justify] [justify][/justify] [justify][color=black]Lo cierto es que el día que deje de golpear al jeep, fue el día que dejó de funcionar. Casi llamo al mecánico, pero pensándolo mejor, le voy a regalar a la maquina su merecido descanso.[/color][/justify]