[justify]El baño de la estación Esso del kilometro 1720 de la RN50 había sufrido un deterioro irreversible. Era uno de ésos baños en los que no bastaría con una limpieza profunda, el único remedio era demolerlo. La suciedad había hecho metástasis en las grietas microscópicas de los materiales de los pisos y paredes. Luis comparó a ojo la altura de las suelas de sus zapatillas con la profundidad de los charcos, y se aseguró de que la simetría de los nudos de sus cordones no diera chance a que un extremo del mismo haga contacto con el suelo mojado. Tomó todo el aire fresco de ruta que sus pulmones podían albergar, contuvo la respiración con la misma convicción con que lo haría un clavadista en plena caída libre, y se aventuró al baño de hombres con paso firme.[/justify] [justify][/justify] [justify]Una vez adentro la atmósfera húmeda desafió la presión ejercida por los músculos de su nariz. Su instinto de supervivencia lo llevó a estirar el elástico del cuello de su remera ajustándolo por encima del puente de su nariz.[/justify] [justify][/justify] [justify]Al salir, Luis experimentó un doble alivio. El de su vejiga y el de sus pulmones.[/justify] [justify][/justify] [justify]- “¡Luiiiiiiiiis! ¡Vamos gordi!”[/justify] [justify][/justify] [justify]Luis saboreó por dos segundos mas su sensación de alivio fijando su mirada en la ruta que lo esperaba. Su pecho recibió el sol de la mañana cuando volvió a respirar, disfrutando del aire limpio como si fuera un buen vino. Los músculos de su boca esbozaron media sonrisa. La RN50 posaba inmóvil frente a sus ojos cansados.[/justify] [justify][/justify] [justify]- “¡Gooooordiiiiiiiii!”[/justify] [justify][/justify] [justify]Los pasos de Luis esta vez no fueron tan firmes. Esos pasos lo llevaron hasta las tres figuras humanas borrosas que lo esperaban en el auto. Al colocarse los anteojos de ver de lejos, las pupilas de Luis pudieron enfocar las figuras transformándolas casi mágicamente en las imágenes nítidas de sus compañeros de viaje.[/justify] [justify]Fue lindo mientras duró.[/justify] [center]………[/center] [center][/center] [justify]El turbo del Corsa Classic Base expulsó un catarro al arrancar. Un catarro flemático y rasposo, síntoma similar al que tenía el mecánico que le hizo el service la semana anterior. Luis recordó las palabras de su mecánico.[/justify] [justify][/justify] [justify]-“Andá tranquilo Luisito, te lo dejé como nuevo, ¡COFCOFCOF! Hacele los kilómetros que quieras a la máquina, está punto ¡COFCOFCOF! punto caramelo.”[/justify] [justify][/justify] [justify]Luis apagó el motor y lo volvió a encender. COFCOFCOF.[/justify] [justify][/justify] [justify]-“¿Que le pasa al Corsario, Capitán?” Preguntó Jonathan con sorna.[/justify] [justify][/justify] [justify]Lo bueno de viajar con un concuñado uruguayo es que el mate siempre está listo, reflexionó Luis.[/justify] [justify][/justify] [justify]-“Se contagió de un catarro, nada grave. En la próxima ciudad buscamos un mecánico.”[/justify] [justify][/justify] [justify]-“¡JUA JUA! ¡Un catarro! Pero que ocurrente bo.” Sus ojos de sapo se hincharon con la risa.[/justify] [justify][/justify] [justify]Lo malo de viajar con un concuñado uruguayo es que los hermanos charrúas tienen un sentido del humor mucho mas intenso que los porteños, reflexionó Luis.[/justify] [justify][/justify] [justify]-“Mas que un mecánico vas a necesitar una farmacia de turno bo. ¡JUA JUA!”[/justify] [justify][/justify] [justify]Se ríen mas fácil, con mas ganas, enrostrándome que son mas alegres que yo, reflexionó Luis.[/justify] [justify][/justify] [justify]-“Que grande Capitán. ¡JUA JUA! Vas a comprar jarabe para el Corsario. ¿Trajiste receta bo? ¡JUA JUA!” Insistió Jonathan.[/justify] [justify][/justify] [justify]Valenna y Guada se reían con mucha energía, pero con poca sinceridad. Valenna para demostrar que tiene buena onda, y Guada porque es una novia complaciente. Luis improvisó una risa para que el viaje sea mas cómodo.[/justify] [justify][/justify] [justify]COFCOFCOF y “¡JUA JUA!” repitieron el Corsa y Jonathan. Luis encendió la radio para escuchar otra cosa y puso el auto en movimiento. La ruta se fusionó con el sol y se le ofreció con todo su esplendor matinal. Sus pulmones se llenaron y se vaciaron en cuatro segundos. Su pie izquierdo y su mano derecha ejecutaron movimientos coordinados hasta llegar a quinta. Su pie derecho asintió lentamente. Su boca dibujó una sonrisa, esta vez sincera.[/justify] [justify][/justify] [justify] [/justify] [center][b][i]30 km del baño de la ESSO del km 1720[/i][/b][/center] [justify] El silencio reinaba en el Corsa. Luis generalmente disfrutaba de la paz que facilita el silencio, pero ésta vez el silencio se manifestaba como una inquietante soledad.[/justify] [justify][/justify] [justify] Valenna leía un libro deshilachado sobre runas o algo por el estilo. Su mueca de concentración era la de un estudioso leyendo un material de extrema complejidad. Luis miró de reojo y pudo ver una figura en forma de estrella amarilla y roja en la página que Valenna estaba leyendo.[/justify] [justify][/justify] [justify] Valenna.[/justify] [justify][/justify] [justify] El poderoso silencio guió al pensamiento de Luis a recordar la noche en que la conoció. Su vestido holgado, rojo y amarillo le atrajo la mirada apenas cruzó el umbral de un bar en Recoleta.[/justify] [justify][/justify] [justify]Luis había salido con sus amigos de la universidad para festejar que habían terminado la época de finales. Era diciembre y su cara estaba pálida, cuatro exámenes del segundo año de la carrera de Ingeniería Naval le habían inducido a encerrarse a estudiar intensivamente en una habitación oscura. La piel de Luis no recordaba la caricia del sol de verano. Su paladar estaba acostumbrado hasta la saturación con el sabor del mate. La primera cerveza atravesó sus papilas gustativas, burbujeó en su estómago, buceó por su torrente sanguíneo y jugueteó con sus neuronas. La segunda cerveza le dio coraje. Con el vaso medio lleno en la mano se acercó a la misteriosa mujer de amarillo y rojo. Con cada paso que daba descubría nuevos detalles sobre ella. Sandalias gastadas. Tatuaje pseudo oriental en la pantorrilla. Culo generoso. Uñas sin pintar (ni pies ni manos). Dreadlock de veinte centímetros. Bronceado de Plaza Francia. Tetas ausentes. Sonrisa fulminante.[/justify] [justify][/justify] [justify] La sonrisa de Valenna despabiló a Luis del tedio provocado por los últimos meses de estudio. Su efecto sacudió su organismo como un despertador de 6.5 en escala de Richter. La sonrisa fue una eficiente carnada y su espíritu bohemio un efectivo anzuelo. La seducción fue precisa, fueron pocas palabras y mucha prisa. El sombrío rincón oeste del bar sirvió de refugio para los improvisados besos y roces. Sin palabras Valenna ofreció su premio húmedo. Luis, indecisamente seguro, la llevó a su casa.[/justify] [justify][/justify] [justify]En su momento de gloria, Luis se enorgulleció del poco tiempo que le llevó conquistarla. Tres años después, a 60 km de la Esso del km 1720 de la RN50, su memoria recuerda claramente la euforia de la conquista, pero omite la emoción del orgullo.[/justify] [justify][/justify] [justify] COFCOFCOF.[/justify] [justify][/justify] [justify] Jonathan.[/justify] [justify][/justify] [justify] Luis miró por el espejo retrovisor a Jonathan. Nada. Ni un comentario sobre el catarro. Su gesto de aburrimiento no se inmutó ante el sonido que hacia una hora había disparado su instinto humorístico mas intenso. Sus ojos de sapo estaban insistentemente clavados en un punto imaginario del paisaje enmarcado por la ventanilla. Guada dormía profundamente y Valenna estaba ensimismada en su libro. Jonathan dejaba la comedia de lado cuando no contaba con la atención de las chicas. La compañía de Jonathan se iba a tener que postergar hasta que la mitad femenina de los pasajeros le presten atención. Que tipo forro. ¿Qué le ve Guada?, pensó Luis.[/justify] [justify][/justify] [justify]Guada.[/justify] [justify][/justify] [justify]Guada dormía. Su cabeza descansaba contra la ventana. Su sueño era inmune a las vibraciones del vidrio. Sus ojos casi cerrados transmitían una cálida paz. Su nariz aguileña llenaba y vaciaba sus pulmones, inflando y desinflando su pecho con el mismo ritmo que las olas usan para avanzar y retirarse de la playa. De hecho las olas estaban manifestadas por la arrugada tela de jean de su camisa, y la arena eran dos escarpados médanos que se unían suavemente en su esternón. La atención de Luis abandonó la ruta por un lapso de tiempo (imposible de medir) para concentrarse en el ritmo con el que las olas de jean avanzaban y retrocedían por los dos médanos. Cada vez que la marea bajaba, la atención de Luis aumentaba.[/justify] [justify][/justify] [justify]Desde el borde de la boca abierta de Guada un hilo plateado de saliva se asomó y comenzó su irremediable descenso, a una velocidad que [/justify] [justify][/justify] [justify]Luis percibió como una paradisiaca eternidad, impactando sobre la ladera del médano izquierdo.[/justify] [justify][/justify] [justify] Luis saboreó el momento por unos segundos hasta que percibió la reacción que estaba teniendo entre sus piernas. Disimulando su sobresalto, miró a Valenna para cerciorarse de que no estaba al tanto de su distracción. Su novia mantenía la misma posición que tenia treinta kilómetros atrás, también conservaba la misma mueca de concentración, y se aferraba a la misma página de su libro. Una runa en forma de estrella roja y amarilla.[/justify] [center][/center] [center][b][i] [/i][/b][/center] [center][b][i]97 km del baño de la ESSO del km 1720[/i][/b][/center] [center][/center] [justify] Las ruedas del Corsa marcaban su impronta en una calle de tierra aparentemente virgen. Las calles del pueblo se confundían con las veredas, y las veredas se confundían con los patios de las casas. La única huella visible la había dejado un ferrocarril en alguna década remota. Otros tiempos. Cuando llegaron los viajantes el único movimiento perceptible era el de unos pocos habitantes fantasmagóricos, que se manifestaban en el plano real sólo cuando era estrictamente necesario.[/justify] [justify][/justify] [justify] En un extremo del pueblo se erguía la monstruosa acería oxidada, símbolo de una prosperidad prehistórica. De su nave industrial sólo quedaba una carcaza imponente, oscura y rectangular, desde la que varias chimeneas firmes y largas se erguían insistentemente hacia los cielos en línea recta. Su sombra, proyectada sobre el poblado, parecía la de la mano de un gigante enterrado hasta la muñeca. La razón social de la acería se repetía por todos lados en gastados carteles pintados para comercios de toda índole, la mayoría cerrados. En el otro extremo, la Shell ostentaba el movimiento que faltaba en el resto del lugar. Su frente, recientemente pintado, enumeraba con tipografía variada los servicios que allí se ofrecían. Combustible, Agua Destilada, Filtros, Líquido de Frenos, Fusibles, Correas, Anticongelantes, Bujías, Kerosene y Gomería.[/justify] [justify][/justify] [justify] Una bañera antigua se estaba llenando con una manguera, a su lado una figura humana borrosa se apoyaba en un umbral. Luis se acomodó sus lentes de ver de lejos y pudo enfocar a la empleada rellenita de la Shell tecleando en su teléfono celular.[/justify] [justify][/justify] [justify] “Buenas tardes.” Dijo Luis, caminando hacia ella. “Llenémoslo de súper. Y necesito también un mecánico, el turbo está haciendo un ruido al arrancar.”[/justify] [justify][/justify] [justify] La empleada rellenita levantó la mirada, sin dejar de teclear su celular. La chapa del capot del Corsa tronó cuando Jonathan destrabó su seguro. Luis divisó el espectro de un lugareño descamisado y gordo, que sin decir una palabra abrió la mandíbula del Corsa y zambulló sus brazos en sus entrañas. A paso apresurado Luis se acercó hasta el motor y el misterioso mecánico. Valenna le estaba mostrando su libro a Jonathan, mientras Guada, recién despierta, correteaba con los perros desalineados del pueblo.[/justify] [justify][/justify] [justify] “¿Como lo ve maestro?” Apresuró Luis. “¿Es el turbo, no?”[/justify] [justify][/justify] [justify] El espectro gordo descamisado lo miró con su único ojo sano y le sonrió. Sin decir una palabra, y con pocas herramientas, desmontó la correa de distribución y la cambió por un repuesto usado. Volvió a sonreírle y le hizo un gesto cansado de OK. Luis saltó con entusiasmo al asiento del conductor y giró la llave arrancando el Corsa. El motor rugió como una bestia furiosamente saludable. Al salir, con billetera en mano, notó que el espectro gordo descamisado ya no estaba. Tampoco la empleada rellenita. La bañera antigua estaba rebalsando de agua. Luis se acercó al grifo que llenaba la bañera, lo cerró y gritó con timidez.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Hola! ¿Cuánto es?” Sólo un eco imaginario respondió. El silencio se percibía en la humedad, en sus hombros, en sus manos. Era aturdidor. “Guada. ¡Guada! Subi que nos vamos.” Y gritó mas fuerte al aire, “¡Nos vamos!”.[/justify] [justify][/justify] [justify] El rugido renovado del Corsa era el único ruido que se escuchaba en todo el pueblo. Serpenteó por las calles internas a una velocidad prudente hasta la ruta, y luego aceleró levantando una nube de polvo. Dos kilómetros más tarde Luis se percató de que su tanque estaba lleno.[/justify] [justify] [/justify] [justify] [/justify] [justify] [/justify] [center][b][i]184 km del baño de la ESSO del km 1720[/i][/b][/center] [center][/center] [justify] El cartel de la Petrobras se materializó en el horizonte como un ansiado espejismo. Junto con el alivio de frenar, Luis sentía el agotamiento de haber manejado casi 200km sin descansar. Aparte de él, sólo Jonathan sabía manejar. A pesar de su cansancio, Luis no podía olvidar todos los relatos que había escuchado de incidentes sobre ruedas que tenían a Jonathan como protagonista al volante. O tiene mala suerte, o maneja como un animal. Cada vez que se imaginaba a Jonathan manejando el Corsa (SU Corsa), las manos de Luis apretaban el volante de la misma manera que tomarían las riendas de un caballo sin domar. La misma presión hizo el día que compró el Corsa. En el momento que se lo entregaron se subió al asiento del conductor, tomó el volante y se quedó inmóvil. A medida que los recuerdos de los esfuerzos que tuvo que hacer para ahorrar el dinero suficiente desfilaban por su cabeza, sus manos aumentaban la presión sobre el volante, sobrepasando la capacidad máxima de los músculos y tendones de sus extremidades superiores. En sus manos sintió cómo la superficie tensionada y caliente del volante desprendía partículas microscópicas de goma, las cuales se escabullían dentro de los poros de sus palmas. Soltó el volante lentamente y miró la impresión que surcaba sus dos manos como dos arcoíris grises y rojos. Al ver esto cerro los ojos, expulsando una lagrima de cada lado, que rodaron por sus mejillas, se refugiaron en las comisuras de su boca y completaron el arco de su sonrisa. Dos años más tarde, la posibilidad de cederle el volante a Jonathan forzosamente se reducía a cero.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Ustedes bajen, yo voy a cerrar un rato los ojos.” Dijo Luis.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Anda a buscar agua caliente Gurisa.” Dijo Jonathan mirando a Guada con sus ojos de sapo. A Valenna le parecía despectiva la forma en que Jonathan le hablaba a su hermana. Lejos de molestarle, le provocaba una secreta satisfacción.[/justify] [justify]Jonathan se dirigió hacia el cartel de “Baños” junto con Valenna. Luis desabrochó el cinturón de seguridad y se quedó dormido instantáneamente.[/justify] [justify][/justify] [justify]Valenna apresuró el paso hasta el baño de mujeres. Al salir del cubículo, se dirigió hacia el lavamanos.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Morocha, si esas piernas son las vías, como será la estación.” Dijo una voz grave y musical a sus espaldas. Valenna giró sobresaltada y encontró un gordo vestido de jogging y camiseta de Ferrocarril Oeste. Recuperada del sobresalto giró, ésta vez lentamente, para lavarse las manos. Con una mano accionó la canilla, y con la otra levantó su pollera hasta el coxis. El simpatizante de Ferro cubrió rápidamente la distancia que los separaba, efectuando simultáneamente un movimiento súbito que dejó el jogging hecho un fuelle en sus tobillos. Escupió su mano y tomó su herramienta para guiarla a su objetivo. Una mano de Valenna le bloqueó el acceso. Sin perder tiempo, el gordo corrigió el ángulo e ingresó tres centímetros mas arriba.[/justify] [justify][/justify] [justify]La puerta del baño se abrió de golpe y otra voz masculina retumbó en los azulejos.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡El baño de hombres está clausurado, bo! Aviso que estoy entr….” Jonathan quedó paralizado por cinco segundos eternos ante la situación con la que se encontró. Sus ojos de sapo cruzaron miradas con ambos. Nadie parpadeaba. Valenna imitó la parálisis de Jonathan. El gordo hincha de Ferro continuó con el acto a pesar de la irrupción, desafiando al uruguayo con la mirada. Jonathan levantó los hombros, sonrió, y sin dar la espalda retrocedió en sus pasos.[/justify] [center]……[/center] [justify]Un insistente haz de luz activó un reflejo en los párpados cerrados de Luis y abrió sus ojos. Una mano protegió sus ojos desnudos y la otra buscó sus lentes. Al ponérselos e incorporarse, descubrió que el haz de luz provenía de unos lentes de sol que descansaban sobre una nariz aguileña que lo señalaba. Guada lo miraba atentamente mientras comía una manzana.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¿Cuanto dormí?” Preguntó Luis, incómodo por sentirse observado.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Cinco, diez minutos.” Respondió Guada. “Traje agua caliente.”[/justify] [justify][/justify] [justify]“¿Qué hacías ahí sentada?” Luis se arrepintió de hacer ésa pregunta en el instante que se escuchó a si mismo. Bajó la mirada con vergüenza y sus ojos se toparon con dos imponentes médanos brillando a la luz del sol, a medio tapar por dos calientes olas de jean. Luis volvió a subir la mirada con más vergüenza. Guada le sonreía.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Miraba como dormías. Se puede conocer mucho a una persona por observando cómo duerme. ¿Probaste alguna vez?”[/justify] [justify][/justify] [justify]“No.” Respondió Luis con más vergüenza aun. Necesitaba cambiar de tema. “¿Cómo la estas pasando en el viaje?”[/justify] [justify][/justify] [justify]Guada rio. “Bien, bien. Me gusta viajar, conocer lugares, gente nueva. Me renueva. ¿Y vos? Conductor designado, debes estar podrido de la ruta.”[/justify] [justify][/justify] [justify]“Para nada.” Dijo Luis, acomodándose en la charla. “Hace mucho que quería hacerle unos buenos kilómetros al auto.”[/justify] [justify][/justify] [justify]Guada volvió a reír. “Kilómetros al auto. ¡Que ingenierito cuadrado! ¿Y el paisaje? ¿La compañía? ¿La alegría?”[/justify] [justify][/justify] [justify]Ya relajado, Luis se contagió de la risa de Guada. “¡Soy cuadradísimo! Es mi deformación profesional. Todos tenemos una. Pero tengo mis matices, eh.”[/justify] [justify][/justify] [justify]“Mmmh, no respondiste a mi pregunta. ¿Cómo es ese placer misterioso que experimentas al hacerle unos kilómetros al auto?” Guada sonreía, pero de una manera nueva que Luis no podía descifrar.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Jaja, me pones en un aprieto! A ver. Disfruto mucho de manejar en la ruta. Siento una tranquilidad difícil de explicar. El mundo está bajo control cuando lo veo pasar por la ventanilla a cien kilómetros por hora.”[/justify] [justify][/justify] [justify]Sin desactivar ésa nueva sonrisa, Guada respondió. “A ver si te entiendo bien. El mundo, [i]tu[/i] mundo, está bajo control cuando lo controlas vos con un volante y cinco cambios. ¿Y que pasa con tu mundo cuando paras y pisas tierra?”[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Caos, desorden, anarquía, entropía, vorágine!” Bromeó Luis, disfrutando de la nueva sonrisa de su cuñada, que se hacía mas intensa a medida que la conversación progresaba. Dicha intensidad logró aliviar la tensión que estaban ejerciendo los músculos responsables de la dirección de los ojos de Luis para evitar dirigirse hacia los médanos de su cuñada. El nuevo objeto de deseo se encontraba en la cara, y socialmente es mucho más aceptable disfrutar de una sonrisa que de un escote al conversar con alguien. Guada reía.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Hay algo de cierto en lo que decís. No sos completamente cuadrado.”[/justify] [justify][/justify] [justify]“¿Viste que también podes conocerme mejor despierto?”[/justify] [justify][/justify] [justify]La sonrisa nueva de insistió hasta imprimirse como un marca ganado en los ojos de Luis. Guada abrió la boca para decir algo divertido, pero en lugar de escucharse sus palabras una voz grave y escandalosa tomó su lugar.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Gurisa! ¿Trajiste el agua, bo? Pásame el termo que voy a cebarle unos mates al Capitán del Corsario que debe estar harto cansado de tanto manejo.” Dijo Jonathan mientras sorprendía a Luis con un cálido abrazo fraternal.[/justify] [justify] [/justify] [center][b][i]245 km del baño de la ESSO del km 1720[/i][/b][/center] [justify][/justify] [justify] La ruta estaba desierta. Sólo se divisaba una rastrojero en el horizonte, a la que la potencia del Corsa no iba a tener dificultades en pasar. Para sorpresa de Luis, éste tramo del trayecto fue mucho mas ameno que los anteriores por la entretenida charla que mantuvo con Jonathan. Valenna insistía con su libro y Guada viajaba callada, pero atenta a la charla y dedicando sonrisas cómplices al espejo retrovisor.[/justify] [justify][/justify] [justify] ¿Cómo no voy a disfrutar de hacerle kilómetros al auto? Pensó Luis.[/justify] [center][/center] [center][b][i]422 km del baño de la ESSO del km 1720[/i][/b][/center] [justify][/justify] [justify]El atardecer amenazaba insistentemente con privar a los viajantes de la iluminación natural, y el beneficio del avance de la urbanización de la zona aún no había alcanzado a plantar postes de luz en el camino. El estómago de Luis le recriminó ruidosamente el haberse salteado el almuerzo. Un cartel verde prometía combustible, camping y comida con dibujos burdos a prueba de analfabetos a dos kilómetros.[/justify] [justify][/justify] [justify]El camino de entrada los recibió a oscuras y los guio hacia un denso e inquieto camping que zumbaba de vida. Carpas, fogones y canchas improvisadas de futbol bloqueaban el camino del Corsa, que al no poder internarse en la apretada comunidad campamentera, terminó retrocediendo en sus huellas. A pesar de la oscuridad del camino de salida, Luis pudo divisar una obstrucción sombría, monolítica y angular. Cuando los faros del Corsa se alinearon con la obstrucción, el velo de la sombra se dispersó y los colores vivos del emblema del Club Ferrocarril Oeste brillaron en la puerta de una oxidada rastrojero que descansaba atravesada en el sendero bloqueando la salida. Jonathan y Luis bajaron del Corsa y buscaron sin éxito al responsable del inoportuno obstáculo. Jonathan sonrió y sus ojos de sapo brillaron energizados por la luz de la luna.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Capitán! Propongo acampar acá mismo, bo. Si el paspado éste del rastrojero aparece lo apuramos a que mueva ésa bestia.”[/justify] [justify]Luis intentó evaluar las alternativas, pero el cansancio y el hambre bloquearon su fábrica de ideas y terminó accediendo a la propuesta. De todas maneras el Corsa estaba atrapado en medio de la oscuridad.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Armemos las carpas a un costado del camino y preparemos la cen…” Un estruendo interrumpió a Luis y sobresaltó a Jonathan. Las chicas bajaron del Corsa de un salto.[/justify] [justify][/justify] [justify]Los ojos de sapo de Jonathan se humedecieron de emoción. “¡Música de comparsa, bo! ¡Escuchen esos tambores!” Los sonidos rioplatenses provenientes del camping retumbaban hiriendo profundamente el silencio de la noche. Luis intentó adelantarse a su cuñado.[/justify] [justify][/justify] [justify] “Como decía, la cen…”[/justify] [justify][/justify] [justify] “¡Vamos bo!” Interrumpió esta vez Jonathan. “¡Yo les voy a enseñar, Porteñazos, como se baila bien bailado!”[/justify] [justify][/justify] [justify] La sonrisa charrúa, como de costumbre, contagió instantáneamente a Valenna y Guada.[/justify] [justify][/justify] [justify] “¡Vamos Gordi!” Dijeron ambas al unísono. ¿Guada me llamó “Gordi”? Pensó Luis.[/justify] [justify][/justify] [justify] Luis atinó a repetir. “Pero la cen…” Ésta vez no lo interrumpió nadie. Guada le sonreía. Como a él le gustaba. El ritmo de los tambores embrujó las caderas de su cuñada y sus médanos prohibidos latieron emitiendo un código morse hipnótico que activaron los sentidos más primales de Luis. Ésta vez Luis se interrumpió a sí mismo.[/justify] [justify][/justify] [justify] Los cuatro viajeros se fundieron en un abrazo y se hicieron uno con las carpas y fogones. Guitarras y botellas. Porros y bailes. Carcajadas y roces. Tropezones y encuentros. Gritos y abrazos.[/justify] [justify][/justify] [justify]…………………[/justify] [justify][/justify] [justify] “¡Gordiiiiiii!” El afónico llamado sonó acompañando al primer cantar de un gallo cercano. Los pies de Valenna caminaban en zigzag y tropezaban con todo tipo de vestigios de la noche anterior. La primera luz de la mañana castigaba sin piedad a los acampantes que en los apuros de la noche no lograron llegar al refugio de sus carpas. Como Valenna.[/justify] [justify][/justify] [justify] “¡Gordiiiiii!” La estridencia de su voz ganaba fuerza con los rayos del sol y atormentaba a los acampantes de sueño liviano. “¿Adonde estás Gordi?”.[/justify] [justify][/justify] [justify] Tras varios intentos de prueba y error, Valenna divisó la rastrojero de la noche anterior. Aliviada, corrió en línea recta hacia el rodado, pisando brasas agonizantes y volteando el parante de una carpa. Al llegar el Corsa no estaba.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡GORDIIIIIIIIIIIIiiiiiii…..!” Las cuerdas vocales de Valenna se saturaron de esfuerzo, dejándola afónica.[/justify] [justify][/justify] [justify]La puerta del rastrojero se abrió repentinamente y una penosa figura descendió con torpeza etílica del vehículo. Unas peludas piernas desnudas sostenían un torso cubierto por una remera de Ferro, de la que asomaba una adolorida cabeza que enmarcaba un par de cansados ojos de sapo. Jonathan enderezó su postura y sonrió, desestimando su resaca.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Jhonny! ¿Adonde están los demás?” Desafinó Valenna con un chirrido.[/justify] [justify][/justify] [justify]“No sé. Los perdí a todos anoche, bo. No los vi más. El corsario parece que no está.” La actitud relajada de Jonathan exasperaba más a Valenna que el hecho de que lo único que llevaba puesto era una camiseta de Ferro.[/justify] [justify][/justify] [justify]“¡Hace algo Jonathan! ¡Hay que encontrar a los demás ya mismo!”[/justify] [justify][/justify] [justify]Jonathan se desperezó despreocupadamente y miró a su alrededor. “Ahí están las huellas del Corsario, bo. Se salen del sendero.”[/justify] [justify][/justify] [justify]Ambos siguieron las huellas que imprimió el corsa cruzando un pequeño zanjón y subiendo una pequeña lomada. Al final de la lomada encontraron los bolsos de los dos y el equipo de mate prolijamente abandonados en el suelo.[/justify] [justify][/justify] [justify]Jonathan volvió a desperezarse y ésta vez la remera de Ferro subió hasta su ombligo. Sin bajar los brazos le sonrió a Valenna y le dijo: “Anda a buscar agua caliente Gurisa.”[/justify]