[justify]Un noviazgo adolescente suele ser mágico. La certeza de vivir un amor épico se va borrando con el pasar de las décadas, pero el recuerdo de la magia queda almacenado en la memoria por si uno elige recordar. La ansiedad por cada encuentro y extrañar cuando se está lejos, a esa edad puede hasta doler. En esa combinación de edad y corazón, las razones se pierden y las decisiones se reducen a impulsos sin timón. Para resumir, volvemos al principio, un amor adolescente suele ser mágico. Y la magia a veces atrae más magia.[/justify] [justify]Buscando un momento que ejemplifique la existencia de esta magia, me llega un recuerdo de un viaje a la playa, a La Pedrera. La relación con mi novia de ese entonces no carecía de magia, pero en esos días sucedió algo realmente sublime que nunca voy a poder superar. Mis recuerdos de ese viaje parecen sacados de una película romántica de los setenta: paisajes hermosos, una cabaña, muestras de cariño y sin trama aparente. Ninguno de los dos llegábamos hasta los veinte, pero en esos días vivimos como un matrimonio de jubilados. Hasta había un perro en la casa que nos seguía a todos lados, pastor alemán si no me falla la memoria. Pasábamos nuestro tiempo entre la cama y la playa.[/justify] [justify]Ya sé, ya sé. Hasta ahora no mencioné nada que pueda entenderse como mágico. Ya viene esa parte, estaba describiendo el escenario.[/justify] [justify]Una tarde, fuimos con el auto a una playa remota a pasar el día. Estacionamos atrás de un médano y fuimos a dar una caminata larga por la orilla. Curiosamente la playa estaba desierta, toda para nosotros y el perro. Después de una hora de caminar decidimos dar la vuelta porque el horizonte del mar no se podía ver, señal de que viene lluvia. Volvimos con toda prisa al auto, ya alcanzados por una lluvia amable y mucha neblina. Al alcanzar el auto, busco la llave y mis bolsillos estaban vacíos (nunca confíen en los bolsillos de los trajes de baño). Perdimos la llave, en una playa desierta, y aun no se habían inventado los celulares.[/justify] [justify]“Quedate en el auto y yo vuelvo por donde caminamos a buscar la llave, el perro se queda con vos así te cuida. La voy a encontrar.” Dije con tono de seguridad para fingir que sabía lo que estaba haciendo.[/justify] [justify]Apenas me embarqué en la búsqueda me di cuenta de lo inútil que era. La neblina se puso muy espesa y a duras penas podía ver por donde caminaba. Se veía borroso en cualquier dirección, daba lo mismo estar a oscuras. No tenía chances de encontrar la llave, pero seguí caminando como un tonto sin saber qué otra cosa podía hacer.[/justify] [justify]Ella apareció en algún punto de esta peregrinación ridícula. Venia hacia mí. Yo estaba mojado y con cara desorientada, ella estaba radiante, como si estuviera hecha de luz. Era joven, hermosa y vestía una camisa de lino con una chalina que flameaba cómodamente a ambos lados que a mis ojos eran como alas.[/justify] [justify]Normalmente cuando veía una chica que me atraía se me aceleraban la respiración y el corazón, pero esto era otra cosa. Todo mi cuerpo vibraba ante semejante aparición y me sentí perdidamente enamorado.[/justify] [justify]Encandilado con su belleza y presencia, después de unos segundos interminables de silencio, abrí la boca.[/justify] [justify]“Hola.”[/justify] [justify]“Hola.” me respondió.[/justify] [justify]“Por casualidad no habrás encontrado unas llaves en la playa? Son de un Volkswagen.” Dije con mucha torpeza, como pidiendo perdón.[/justify] [justify]Me regaló una sonrisa que jamás pude olvidar y me extendió su mano, con las llaves. Mientras le decía gracias volvió a sonreír y dando media vuelta desapareció de mi vida.[/justify] [justify]Volví a toda prisa hacia el auto, mi novia, el perro y la realidad. Cuando le conté a mi novia como recuperé la llave, sin mencionar la parte de su belleza y de la vibración de mi cuerpo, su reacción fue preguntar con una risa sincera,[/justify] [justify]“¿Y porque no la besaste?”[/justify] [justify]Nunca supe contestar esa pregunta. Al día de hoy, cada vez que no encuentro mis llaves, cierro los ojos y me transporto a una playa tapada con una neblina mitológica. En mi corazón vuelvo a encontrarme con la chica que en pocos segundos me enseñó lo que es la magia y a enamorarme a primera vista.[/justify]