[justify] El waltz envolvió la pista del salón con un leve retumbe que agitó la estructura cristalina de las copas finas de la mesa principal. El sonidista corrigió los bajos y la vibración cedió, dándole lugar a los suaves agudos que llamó la atención de todos los invitados. Los novios no lo notaron, enamorados se miraban a los ojos mientras se deslizaban con pasos gráciles previamente ensayados. Los padrinos irrumpieron con una sonrisa, Luis bailo con su madre y Candela con su padre. Luego Candela con su suegro y Luis con su suegra. Luego Candela con su cuñado y Luis se dio vuelta esperando a su hermana, pero sus brazos se entrelazaron con una cintura y una mano familiares. Su instinto reaccionó con costumbre a la sorpresiva pareja de baile. Cuando su corteza cerebral le comunico a su conciencia la identidad de quien tenía enfrente ya era demasiado tarde. Los pies de Luis ya habían dado tres compases de waltz con ella, en su propio casamiento, frente a sus invitados, frente a su mujer. La reacción fue inmediata y soltó bruscamente su pareja indeseada, sobresaltado, como si de una tarántula se tratase. Sintió un corto tirón en la manga. Su gesto fue lo suficientemente llamativo como para atraer la atención de los que lo rodeaban. [/justify] [justify][/justify] [justify]“¿Quién es?” Le pregunto su mujer, cogoteando mientras bailaba con un tío lejano.[/justify] [justify][/justify] [justify]“Una colada.” Respondió el, sin poder sobreponerse de la sorpresa de haber bailado con su ex novia de hace cuatro años en su propio casamiento.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Juliana ágilmente se escabulló entre los invitados y las luces. Una mano desconocida le toco el hombro, pero ella no se detuvo ni se volvió a ver de quien se trataba. La salida de emergencia se abrió hasta un callejón al lado de las vías adonde la esperaba un remis. En el camino a su casa inspeccionó con satisfacción la pequeña pieza dorada que fue, hasta hace unos minutos, el gemelo derecho de la camisa de Luis. [/justify] [justify] [/justify] [justify] La operación fue un éxito, la simpleza del plan y la belleza de la ejecución superaron sus expectativas. Juliana sonrió y guardó su primer trofeo en su cartera.[/justify] [center][/center] [center]****[/center] [center][/center] [justify] Tres meses antes de esta noche Juliana se despertaba en una sala de emergencias. Su inútil cuerpo yacía débil, sin fuerzas. No sentía nada físicamente, como si estuviera teniendo una experiencia extrasensorial. Emocionalmente, en cambio, una furia mezclada con euforia se apoderó de lo que quedaba de su ser. Un médico de guardia con ojeras le explicó mecánicamente que le habían hecho un lavado de estómago, evacuando un coctel de pastillas y vodka que podría haberla matado.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Nadie la acompañaba al lado de su cama. Nadie esperaba en el pasillo, ni en la sala de espera, ni en la cafetería de enfrente de la clínica. El eco de la soledad jugueteaba burlonamente rebotando dentro de su cráneo. El médico de guardia le informó que una hora bastaría para que cedan los efectos de la anestesia, para luego poder darle el alta. Una hora bastó para que su furia evolucione en un plan. Un plan de redención. Un plan para salvar su vida.[/justify] [center][/center] [center]****[/center] [center][/center] [justify] La segunda operación fue un poco más compleja. La celebración se daría lugar en el salón de fiestas de un barrio cerrado de Zona Norte. El barrio estaba medianamente custodiado. Juliana llegó en una pequeña motocicleta hasta el alambrado menos custodiado del predio. Apagó el motor de la moto y la empujó silenciosamente en la oscuridad hasta llegar hasta la pequeña puerta de hierro. La puerta estaba cubierta por malezas y pasaba desapercibida para los que no la conocen. Haciendo a un lado unos yuyos, Juliana vio la cerradura y recordó con nostalgia cuando de adolescentes usaban esta puerta para escaparse con El Dani para ir a hacer el amor al telo de la ruta.[/justify] [justify][/justify] [justify] Hace décadas que el Dani le enseñó a entrar y salir del barrio sin ser detectados. Era el método utilizado por los adolescentes para escabullirse de sus padres y cometer actos de rebeldía sin ser denunciados por los guardias del portón. Entre ellos se podían enumerar tomar cerveza, fumar marihuana y coger en el telo de la ruta Panamericana. Durante dos años de noviazgo adolescente El Dani y Bichita (así la llamaba El Dani) disfrutaron todos los fines de semana de estos tres vicios. El método era sencillo, la pequeña puerta por razones estéticas estaba escondida detrás de una especie de frontón para practicar golpes de tenis. El Dani había fabricado una llave artesanal que consistía de un alambre grueso con dos clavos soldados en la punta, formando una letra “F”. En ese entonces todos los chicos más cancheros del barrio cerrado tenían una herramienta similar. [/justify] [justify][/justify] [justify] El día del casamiento del Dani Juliana sacó de su mochila su llave “F” y sintió la misma adrenalina juvenil al insertarla en la cerradura de la puerta. La adrenalina duró poco, ya que la cerradura estaba ya falseada y podía abrirse sin la necesidad de tener una llave “F”. Quizás los adolescentes de la actualidad ya no se escapaban para rebelarse, o se rebelaban adentro del barrio, o salían por el portón principal. Los tiempos cambian y la juventud de hoy no es la misma que lo que fue la nuestra, pensó Juliana. Esta juventud es más pacata y aburrida, pensó también mientras entraba ilegalmente en la propiedad privada del barrio cerrado.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Juliana empujó la motocicleta por la sombra atravesando la cancha de polo y la escondió detrás de un arbusto cubico. De su mochila extrajo una bandeja circular y cuatro vasos usados, acomodó los vasos, y se dirigió hacia la carpa blanca, adonde ya estaban entrando los invitados. Llegando a la puerta varios invitados colocaron sus vasos vacíos del cocktail en su bandeja, sin mirarla a los ojos. El Dani y su mujer estaban a tres metros de ella. Él estaba de frack, con un pañuelo blanco sobresaliendo del bolsillo del pecho. Una mano rodeaba la cintura de la novia. La otra empuñaba una copa de champagne vacía, invitadora. Juliana se deslizo por el salón desplegando un porte de profesional de catering hasta la feliz pareja. El Dani, sin mirar dejó su copa en la bandeja. La novia miró a Juliana a los ojos, con un gesto de desconfianza. Juliana desvio la mirada, pero por tres interminables segundos sintió como el fuego que emanaban los ojos de la novia le abrasaba la cara. Una gruesa gota de sudor serpenteo como un gusano por su frente.[/justify] [justify]“Bichita!” el grito sorprendido de El Dani se escuchó desde todos los rincones de la fiesta.[/justify] [justify][/justify] [justify] Juliana reaccionó por instinto y se movió con rapidez. Minutos después se encontró saliendo apresuradamente por la pequeña puerta de hierro, con la moto encendida y con un pañuelo blanco estrujado en su puño cerrado. Tomó un hondo respiro, se subió a la moto, y con un resoplido lleno de satisfacción aceleró por la subida de la ruta Panamericana.[/justify] [center][/center] [center]****[/center] [center][/center] [justify] Cuatro. Todos. Los cuatro ex novios. Las paredes de la habitación retumbaban con los bajos de Dark Side of the Moon. Todos los que tuvo. Con algunos, los menos, podría haberse casado, pero no quiso. ¡Los cuatro! ¡C U A T R O! Las pastillas del frasco bajaban de a cuatro por el esófago. Los vecinos gritaban desde el pasillo para que baje la música, que no es hora, que es noche de semana y mañana se trabaja. Las pastillas se trababan en la garganta. Juliana tosía y aferraba su mano a la botella de grapa. Todos sus ex se casan, los cuatro. En el mismo año, durante el transcurso de siete semanas, más precisamente. Un trago generoso de vodka sabor pera destrabó las pastillas, ayudando a que viajen fácilmente hacia su estómago. En siete semanas todos van a estar felizmente casados. Los ojos de Juliana se hincharon y su piel sudorosa se puso amarilla. Juliana eructó, se rio y perdió el conocimiento.[/justify] [center][/center] [center]****[/center] [center][/center] [justify] El espejo reflejaba una Juliana asustada pero decidida. Los ojos que Juliana estaba mirando se dilataban sin perder foco. Una única lagrima que había brotado camino al baño se secó, dejando un surco invisible en su mejilla. Su propia mirada le dio coraje. Su mano izquierda tironeó de su mechón de pelo derecho y el filo de la tijera empuñada con la izquierda hizo lo suyo, cortando lo más cercano al cráneo posible. Repitió y repitió la maniobra hasta que su cuello y orejas quedaron sin el abrigo habitual de su pelo lacio castaño. No le quedaba mal. Juliana vio en el espejo, no sin orgullo, los beneficios de su novedoso look. [/justify] [justify][/justify] [justify] Su imagen le recordaba a esas celebrities hollywoodenses que entraban en años y se dejaban el pelo corto sin perder sensualidad. Como Sharon Stone o Jamie Lee Curtis. Dos sex symbol que no perdieron vigencia a pesar de los anos. Porque se cuidaron, evitaron excesos y se cortaron el pelo. En argentina las sex symbol engordan y se dejan el pelo largo. Pero el pelo corto de Juliana la acercaba más a las sensuales y elegantes señoras Stone y Lee Curtis. Gilf creo que les dicen. [/justify] [justify] [/justify] [justify] Qué pena que no va a durar, pensó Juliana mientras se encogía de hombros y encendía la cortadora eléctrica de pelo. [/justify] [center][/center] [center]****[/center] [center] [/center] [justify] El lunes siguiente la imprenta de la revista Paparazzi imprimió con tintas de baja calidad la figura de una nueva celebrity de duración efímera. Escándalo en la mega fiesta de los Guanzue Uenzua, titulaba la primera plana del pasquín semanal. La pareja de novios fueron inmortalizados con una cara de sorpresa y pánico que no tenían planeada para esa velada. La imagen de la disfrazada Juliana la mostraba en una pose heroica, dejando caer la bandeja de Champagne con una mano, y con la otra tironeando el pañuelo del bolsillo del aterrado y flamante novio. Las piernas, como con vida propia, ya agazapadas para emprender la carrera de escape.[/justify] [justify][/justify] [justify] La foto fue reproducida en los programas de chimentos matutinos en radio y TV. Los portales de internet y las redes sociales adoptaron como propia la entretenida novedad del día y viralizaron la imagen en volúmenes millonarios. Como resultado, el prime time de los noticieros le dedicaron a Juliana sus indeseados quince minutos de fama, con infografías, testimonios, investigación y movileros. [/justify] [justify] [/justify] [justify] Los periodistas no tardaron en descubrir el patrón de Juliana, ya repetido en más de una boda de sus ex novios. La metodología del periodismo de investigación también resulto en el descubrimiento de la identidad de la próxima víctima de Juliana. Aurelio Rigga.[/justify] [justify][/justify] [justify] Según el noticiero, Juliana y Aurelio vivieron juntos durante tres años. Los primeros dos fueron muy felices, y hasta parecían desembocar en una unión matrimonial. El último año de convivencia fue más difícil, dicen. Las teorías de lo que paso en la etapa final fueron variadas. Algunos especialistas aseguran que había un tercero en discordia. Un psicólogo de pareja menciono la alta probabilidad de que Juliana sea anorgasmica y que por eso Aurelio Rigga la dejó. Una encuesta pública en las redes sociales culpaba a Aurelio de la separación en un 38%. Amanda Rigga, madre de Aurelio, concedió una entrevista en un programa de radio para exigirle públicamente a Juliana que no vaya a la boda.[/justify] [justify][/justify] [justify] Cinco noteros de distintos medios hacían guardia en la puerta del edificio de Juliana. El portero hablaba al país frente a micrófonos y cámaras, asegurando que Juliana había salido del edificio hace 48 horas y que no había regresado.[/justify] [justify][/justify] [justify] ¿Adónde se esconde Juliana? El titular fue repetido en los medios una y otra vez, una foto de archivo de Juliana se reproducía en noticieros y programas de chimentos como si se tratara de una persona perdida, o un delincuente en fuga. Todo esto sucedió hasta el día del casamiento de Aurelio Rigga.[/justify] [center][/center] [center]****[/center] [justify][/justify] [justify] La entrada del Salón Dorado del Cavanna Hotel estaba notoriamente sobrecustodiada esa noche. Personal de seguridad entrenado vigilaba el movimiento de los invitados, revisando los documentos de identidad de las invitadas y contando solo con hombres en el servicio de catering. Las listas impresas de invitados incluían fotos al lado de los nombres. La familia Rigga se ocupó personalmente de todos los aspectos de la seguridad, priorizando el objetivo de evitar el ridículo sobre los detalles del catering y la decoración. [/justify] [justify] [/justify] [justify] La ceremonia funcionó con total normalidad, lo mismo sucedió con el coctail de entrada y el waltz. La comida tuvo su traspié, el lomo llego frio a las mesas. Con el volumen de los parlantes sonó la música estridente de entrada acordada para que los amigos celebren la entrada de los novios. Los invitados más jóvenes soltaron sus copas y se sacaron sus sacos para sumarse a una ronda saltarina que rodeaba a los novios en el centro de la pista. Luego los hombres levantaron en sus hombros a Aurelio y a su mujer, que se dieron un cálido y torpe beso en la altura de las andas. Al bajarlos, los hombres instintivamente organizaron la pista a los empujones segregando los géneros masculinos y femeninos. La novia fue depositada entre sus amigas, y Aurelio quedó rodeado entre los hombres, ambos en aglomeraciones humanas que saltaban como uno según el ritmo dictado por los parlantes del salón. Los cuerpos agitados de amigos, primos y tíos convergieron magnéticamente como si de un vórtice se tratara, con epicentro en un Aurelio aturdido de euforia.[/justify] [justify] [/justify] [justify] La mirada supervisora de la madre de Aurelio y el personal de vigilancia enfocó su atención en la ronda más grácil de baile, adonde la novia y las amigas desplegaban pasos relativamente notablemente más armónicos que la ronda masculina. Un aullido disparo la alarma. La madre de Aurelio instintivamente se hizo paso entre los invitados hasta la ronda de mujeres, pero no divisó a Juliana. La hermana de la novia, con la boca abierta, señaló con ojos temblorosos hacia la ronda de hombres.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Los labios de Aurelio se encontraron fuertemente sellados contra los del tío Rodolfo durante un instante que todos los presentes experimentaron como una eternidad. Durante el segundo tiempo del beso, Aurelio abrió sus grandes ojos estallando en una sorpresa cósmica. Sin despegarse del beso con su tío. Su tío Rodolfo, el pelado con barba ruluda. La frondosa barba se movió antinaturalmente en la cara del tío Rodolfo bajo la presión del beso de Aurelio. Falsa barba. Falso tío Rodolfo. Los invitados que se encontraban en la pista, absortos y sin saber qué hacer más que mirar y mirar sin parar, guardaron silencio y dieron pasos lentos y certeros hacia atrás mientras Aurelio despegaba al fin su boca de la de Juliana.[/justify] [justify]“Buen disfraz Juli.” Dijo Aurelio.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Los flashes de las cámaras comenzaron a iluminar el centro de la escena. Las fotos llegaron a las redes sociales en cinco segundos, al noticiero de la noche, en diez minutos.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Un tirón del brazo de Juliana la separó de un sonrojado Aurelio. El personal de seguridad, encabezado por la madre de Aurelio, eficientemente expulsó la pelada Juliana del salón por una puerta de servicio especialmente preparada para esta eventualidad. La barba falsa quedo en el camino, recogida por un anónimo a modo de souvenir exclusivo de la boda de Aurelio.[/justify] [justify] [/justify] [justify] El auténtico tío Rodolfo apareció al día siguiente en su habitación del Cavanna hotel, recuperándose de los efectos de un fuerte sedante. [/justify] [justify] [/justify] [justify] Juliana desapareció esa noche sin dejar rastros, y nadie supo más de ella.[/justify] [justify] [/justify] [center][/center] [center]****[/center] [justify] [/justify] [justify] No hubo convocatoria. La noticia se convirtió en rumor. El rumor se convirtió en mito. El mito se convirtió en ritual. El ritual se convirtió en noticia. Miles de mujeres y hombres de todos los rincones del país comenzaron a desfilar espontáneamente alrededor de la Fuente de las Nereidas, en Costanera Sur de la Ciudad de Buenos Aires. Las mujeres arrojando gemelos, pañuelos y flores de ojal de sus ex novios. Los hombres soltando en la pila los ramos de flores, tocados y hasta ligas de sus ex novias. Todos los trofeos robados de las correspondientes bodas se fueron amontonando ordenada y progresivamente alrededor de las figuras de piedra que observaban pacientemente. Los trofeos no tardaron en desbordar la fuente, acumulándose piramidalmente al punto de llegar a la vereda.[/justify] [justify] [/justify] [justify] En reiteradas ocasiones, las autoridades limpiaron la fuente, desechando los trofeos como objetos de vandalismo. A pesar de los esfuerzos de la Dirección Estatal de Parques y Espacios públicos, el montículo volvía a formarse con la constancia de los peregrinos. Hombres y mujeres continuaron su perpetua peregrinación a las Nereidas, trayendo sus trofeos de bodas ajenas y transformándolos en ofrendas.[/justify] [justify] [/justify] [justify] Con el pasar del tiempo los tritones, caballos y nereidas de la Fuente de las Nereidas y sus detalles decorativos quedaron sepultados para siembre bajo las múltiples ofrendas. Pero a pesar de que la montaña crecía, Venus siempre permaneció sobre la superficie, observando con ternura a los peregrinos que van hasta allí a refrescar los ciclos de su corazón.[/justify]